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Terra
La Coctelera

el paisaje como desposesión

"El monje se halla absorto. Su breve silueta es, apenas, un minúsculo accidente que no llega a turbar el predominio de los tres reinos. Tierra, mar, cielo, tres franjas infinitas empequeñecen la presencia del solitario; posiblemente también el gran ruido del silencio le anonada. La inmensidad le causa una nostalgia indescriptible y, asimismo, un vacío asfixiante. La antigua grandeza, perdida en el horizonte, le es retornada en forma de angustia: el mar se abre a sus pies como un fruto dulce y amargo.

Cuando Caspar David Friedrich, entre 1808 y 1809, pinta El monje contemplando el mar, confirma la desantropomorfizacion del paisaje. El hombre ha perdido definitivamente su centralidad en el Universo y su amistad con la Naturaleza. Tras la gran aventura del Renacimiento y de las Luces, vencido Dios por la Razón, ahora el hombre percibe una nueva angustia, mas desmesurada y mas titánica que la medieval, pues el mismo, con su audacia y su temeridad, se la ha procurado.

Atrás queda el optimismo antropocéntrico, atrás la frescura fecundísima de aquella Florencia que engendra, como un ser prodigioso, al hombre moderno. Dante, al emprender el viaje a un infierno todavía medieval, demuestra ya el talante de este nuevo hombre. En Santa Maria Della Arena de Papua, Giotto lo pinta, y, entre sus atributos, el principal de ellos es su predominio, es su autoridad, es ser alter deus erigiendo su trono en un primer plano, arropado pero nunca eclipsado por la Naturaleza."

“La atracción del abismo”

Un itinerario por el paisaje romántico

Rafael Argullol

no mas asuntos mundanos...

Otra vez tuve que pasar una tarde poniendo en orden mi casa.
No se porque tengo que dedicarle tanto tiempo a ordenar un mundo en el que apenas vivo.
Ojala tuviece solo que ocuparme de los verdaderos asuntos en los que necesito pensar. Sin tener que distraerme por las cosas mundanas como preparar la cena, limpiar mi cuarto, cuidarme con los cigarrillos y ser cortez con mis vecinos.
Siento agobio! no quiero ser mas responsable de mi cuerpo ni de mi casa, ni mis vecinos, ni mi familia, ni de limpiar la mierda de los perros que se me pega en la suela de los zapatos cuando voy a la uni.
Quiero dedicarle el dia solo a terminar de pensar en las cosas en las que realmente quiero pensar, quiero simplemente estar en donde quiero estar.
Quiero mudarme a vivir a mi cabeza.

El lado mas bestia de la vida

El domingo me deje llevar por una cancion de Albert Pla. Su version de "Take a walk on the wild side" de Lou Reed.
Describe personajes que caminanenla vida por la senda mas salvaje.
Que viven dentro de una licuadora a toda marcha, que han realizado esos deseos extremos, que se han olvidado un poco del "deber ser" y del "curriculm vitae". Esos queridos... esos viejos y queridos exesivos...

precauciones I

"Nunca le preguntes a alguien si es feliz, es una pregunta indiscreta"

Las ultimas palabras del Replicante

"Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?.
Eso es lo que significa ser esclavo.
Yo he visto cosas que ustedes los humanos no creerian-
Atacar naves en llamas en el cielo de Orión.
Brillar Rayos C en la oscuridad,
cerca de la Puerta de Van Hauser.

Todos esos instantes se perderán en el tiempo,
como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir"

a Deckard...

"Blade Runner"

El juez de Budapest

“Se esforzaba por leer todos esos libros y, al mismo tiempo, temia por la humanidad y por el equilibrio de su alma. Ali, en la orilla izquierda de la cuidad, delante de sus ojos, se extendia la ciudad nueva con sus imponentes masas de piedra, con sus forunculos de cemento, llena de dudas y de seres humanos inquietos que pugnaban por sacar dinero del desierto de piedras, que se dejaban llevar por el “nerviosismo”, que a duras penas conseguian dominar sus instintos, que creian y amaban de una manera distinta, qie hablaban y callaban de otra forma, que estaban sanos o enfermos, que eran felices o desgraciados de un modo diferente al suyo; unos seres humanos que al final él tenía que juzgar. ¿Acaso los conocía profundamented? ¿Acaso los comprendía con todas sus intenciones? Esas fachadas lisas, pintadas de colores chillones, le resultaban extrañas. Todas las expresiones de la vida moderna manifestaban objetividad, pero detrás de esa objetividad aparente, había confusión y dudas, dudas arraigadas en el fondo del alma sobre el sentido de las normas, de las leyes, de los principios.
Apoyo la cabeza en las palmas de las manos y miró así la cuidad conocida y extraña, la ciudad pecadora y criminal, la gran ciudad que se aferraba con angustia de asmático en conseguir más dinero, mas placeres, mas poder; la ciudad que estaba unida al mundo, a Occidente, por las arterias del pensamiento, la moda, la ciencia, el comercio y las finanzas; una ciudad que había tomado prestadas formas nuevas que digería ma, que andaba todavía un tanto harapienta aunque no perdia de vista la ultima moda de Europa.
El miraba esa ciudad y la sentia extraña.”

De:
“DIVORCIO EN BUDA”
Sánador Marai

el mar secreto

"Cuando nadie lo mira el mar no es el mar,
es lo que nosotros somos cuando nadie nos mira.

Tiene otros peces y otras olas.
Es el mar para el mar, y para los que sueñan,
como yo sueño ahora"

muchos mundos dentro de este mundo

"Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentra con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca.
Él se pone inmediatamente a inventar un cuento patra explicarle lo que ha pasado. ‘Tu muñeca ha salido de viaje’, le dice. ‘¿Y tú cómo lo sabes?’, le pregunta la niña. ‘Porque me ha escrito una carta’, responde Kafka. La niña parece recelosa. ‘¿Tienes ahí la carta?’, pregunta ella. ‘No, lo siento’, dice él, ‘me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo. ‘Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?
Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido.
Si se le ocurre una mentina bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.
Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.
Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusívamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida.
Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en el que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un fin satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de despedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.
Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.“

de "Brooklyn Follies ", Paul Auster